
Manizales, Caldas.
18 de agosto de 2026.
Una semana ha transcurrido desde que el Occidente, Suroccidente y el Eje Cafetero se estremecieron. El balance a la fecha supera las 292.043 personas afectadas, 304 personas fallecidas, 4.548 heridas y 426 desaparecidas, dejando una estela de destrucción y miseria, contrastada con la solidaridad y el valeroso esfuerzo popular, por las veredas, campos, pueblos, barrios y ciudades. Ante esto, el grupo Nuestra Causa y la Corporación para la Educación e Investigación Popular – Instituto Nacional Sindical (CED-INS), que desde Manizales afrontan la coyuntura, manifiestan su apoyo y solidaridad de clase con quienes han padecido las consecuencias de la catástrofe. Afirmamos que los muertos de la clase trabajadora no son meras cifras para los informes de la Unidad Nacional Para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), ni los damnificados son datos en abstracto que sirven de excusa para la instrumentalización oportunista del Estado, los gremios, los politiqueros y sus partidos. Son, por el contrario, decenas de miles de seres humanos víctimas de las consecuencias de la gestión capitalista de la crisis.
Por ello, denunciamos y señalamos que:
- La respuesta del gobierno reaccionario de Abelardo de la Espriella (ADLE) solo puede calificarse de negligente. El reconocimiento de la “soberanía” sionista sobre los Altos del Golán, como primera decisión política de gobierno, anunciada inmediatamente después del terremoto, demuestra sus prioridades. Su plena sumisión a los intereses y proyecciones del eje imperialista-genocida de Estados Unidos e Israel, se reflejó en el rechazo a la solidaridad de los sectores y Estados no alineados con la hegemonía de la OTAN. Por el contrario, sí recibió con besos efusivos y brazos abiertos a los “rescatistas” genocidas de las Fuerzas de Defensa de Israel, que a su llegada encontraron el justificado repudio popular.
- La declaratoria de desastre nacional, por vía del decreto 1171 del 11 de agosto, sumada a la declaración de emergencia nacional, que le da facultades extraordinarias al gobierno para emitir decretos legislativos con fuerza de ley, arman a ADLE para hacer y deshacer en la gestión de la crisis, abriendo las puertas para una reforma tributaria express que suprima, por ejemplo, el impuesto al patrimonio. Todo un regalo para los capitalistas. La respuesta de los gabinetes ministeriales, con la inoperancia del Ministerio de Vivienda a la cabeza, ha sido tardía, insuficiente y denigrante. Al hambre ha respondido con balones, y a la falta de techo con una proyección de planes de vivienda mediante crédito, especulación inmobiliaria y subsidios, no como un derecho y una garantía de dignidad. El foco ha sido puesto, aún a escalas departamentales y municipales, en los problemas del empresariado y de los barrios opulentos, dejando en un segundo plano la atención a los barrios populares, las veredas y los municipios “periféricos”.
- Los costos de la crisis no los debe pagar la clase trabajadora, ni el campesinado pobre. ¡Los debe pagar la burguesía y sus gremios! La Cámara Colombiana de la Construcción (CAMACOL), gremio que agrupa al empresariado del se|ctor de las obras y las edificaciones, también es responsable de las cientas de estructuras derrumbadas. Una responsabilidad que han intentado evadir por la tangente con su discurso victimista. El “altruismo”, la “filantropía” y la “caridad” de empresarios y terratenientes no es inocente, ni tampoco es la respuesta que debe esperar el pueblo. Ni el Grupo Santodomingo, ni FENALCO, la ANDI, CAMACOL, o el Comité Intergremial de Caldas, resolverán con sus donaciones —que son limosna respecto a la inmensa riqueza que la clase trabajadora les genera— la crisis que afronta el proletariado y los sectores populares. La realidad tras su actitud benevolente es evadir su responsabilidad estructural con la catástrofe, apuntando sus intereses hacia cómo usufructuar de la crisis post-terremoto.
- Solo el pueblo salva al pueblo. La respuesta proletaria y popular fue inmediata y masiva, convocando brigadas de voluntarios y rescatistas, centros de acopio y campañas de solidaridad con los y las afectadas. En cada minuto de trabajo voluntario y en cada hora de esfuerzo para rescatar a personas de entre las ruinas, se proyecta otro tipo de mundo, en el que nuestro trabajo no sea alienado y expropiado por los patrones. Los inmensos resultados de esta semana demuestran que todo cuanto existe es levantado y construido por la clase trabajadora. Que no hay una sola piedra que no sea movida por los brazos proletarios. ¡Y por ello mismo, aún en medio de la destrucción, las ruinas nos dan la esperanza de un nuevo porvenir! ¡Una nueva sociedad asentada sobre la solidaridad popular, esa misma solidaridad que sostuvo a decenas de miles de colombianos y colombianas durante esta semana!
¡Sigamos adelante con campañas permanentes de solidaridad a nivel local, regional, nacional e internacional!
¡Viva la solidaridad proletaria y popular!
¡SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!